BALBOA.- Mi pobre Eugenia... ¿No te dije que iba a ser superior a ti?
ABUELA.- Ya ves que no. El dolor fuerte pasó ya. Lo malo es la huella que deja; esa pena que viene después en silencio y que te va envolviendo lenta, lenta... Pero a ésa ya estoy acostumbrada; somo viejas amigas. (Se rehace). Los muchachos no habrán oído nada, ¿verdad?
BALBOA.- ¿No piensas decírselo?
ABUELA.- Nunca. Les debo los días mejores de mi vida. Y ahora soy yo la que puede hacer algo por ellos. (Se levanta. Llama en voz alta). ¡Mauricio! ¡Isabel..!
BALBOA.- ¿Pero de dónde vas a sacar fuerzas?
ABUELA.- Es el último día, Fernando, Que no me vean caída. Muerta por dentro, pero de pie. Como un árbol.
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